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Formación VAE – Cuando los cadáveres hablan

19/3/26
Lectura de 
6
 min
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Escrito por
Melvin Flores
Personal Técnico Biodiversidad
José Ramón Gabaldón
Personal Técnico Biodiversidad
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Interpretación de indicios a partir de restos cadavéricos de fauna en campo

Como parte de la formación profesional incentivada por Ideas Medioambientales, se impartió un curso centrado en la información que puede obtenerse a partir de la observación de restos cadavéricos de animales en el medio natural. El curso fue impartido por Ángel Tórtola.

Algunos se preguntarán: ¿Por qué los profesionales del medio ambiente buscan cadáveres y restos de animales?

La localización y análisis de restos de fauna permite obtener información clave sobre la mortalidad de las especies, las causas de muerte, la presencia de amenazas en el territorio (infraestructuras, colisiones, electrocuciones, posible envenenamiento, entre otros), así como el estado sanitario de la fauna silvestre. Estos hallazgos ayudan a detectar problemas ambientales, evaluar el impacto de actividades humanas, prevenir riesgos sanitarios y proponer medidas de conservación y gestión más eficaces.

Figura 1. Cadáver de un buey, y toda la comunidad de animales necrófagos, carroñeros y oportunistas que se alimentan de este. Fuente: Melvin Flores.

Para entender todo de mejor forma es necesario hablar brevemente sobre la “descomposición” …y sí, hasta la palabra nos resulta fuerte, no digamos el trabajo de buscar entre los restos de un animal. A muchas personas todo esto seguro les parezca un trabajo grotesco, maloliente, tedioso y desastroso; y la verdad que no estarían muy lejos de la realidad. Algunos restos se encuentran en tal mal estado, y con piezas repartidas por varios metros, que el intentar analizar a qué animal puede pertenecer se vuelve un rompecabezas; y se requiere de mucha limpieza de las piezas y de bioseguridad al manipularlas ya que podrían transmitir enfermedades al manipulador.

En este puzle, cada pieza puede tener un olor fuerte a putrefacción, acompañado de una comunidad de microorganismos (MOO) como hongos y bacterias, que, aunque no lo parezca, están haciendo un trabajo importante para el correcto funcionamiento de nuestros ecosistemas.

Cuando vemos un cadáver de una liebre o un gato en la carretera, muy probablemente asumimos, que ya desaparecerá por la acción de carroñeros como zorros, o rapaces como los buitres, pero más allá de los animales grandes que podemos ver a simple vista, hay toda una comunidad de organismos.

Figura 2. Cadáver de un buey, y toda la comunidad de animales necrófagos, carroñeros y oportunistas que se alimentan de este. Fuente: Ark Rewilding Nederland (ARN).

La descomposición de un cadáver es un proceso ecológico altamente complejo, en el que intervienen numerosos organismos, tanto invertebrados como vertebrados necrófagos que actúan de forma secuencial y complementaria. Gracias a esta interacción, una gran masa de materia orgánica, como puede ser el cadáver de un buey, se transforma progresivamente en nutrientes disponibles para el suelo, cerrando los ciclos biogeoquímicos y contribuyendo a la fertilidad y al funcionamiento de los ecosistemas.

Volviendo al “por qué”, los cadáveres se buscan, entre otras cosas, para evaluar la mortalidad en parques eólicos y solares, y a partir de los hallazgos poder proponer soluciones para evitar estos eventos. La búsqueda de cadáveres también permite tener el control y detección de zoonosis (identificar posibles riesgos para la salud pública) y epizootias (detectar lo antes posible enfermedades transmisibles entre fauna silvestre y ganado).

Esto a su vez, permite activar protocolos de vigilancia epidemiológica antes de que el problema se expanda. Desde una perspectiva ecológica, permite llevar a cabo estudios de predación, presencia de especies y monitoreo, entre otros.

Figura 3. Cadáveres de distintos animales en las carreteras, playas, embalses y bosques de España. Fuentes múltiples: El País y Diario del Alto Aragón.

Existen además ciertas épocas con mayor frecuencia de mortalidad, como son temporadas, etc. Así como épocas de paso migratorio y en verano, cuando muchos ejemplares de distintas especies, como el vencejo común (Apus apus) caen de sus nidos por golpes de calor.
En Ideas medioambientales contamos con un equipo completo e innovador especializado en la búsqueda de cadáveres, incluyendo un equipo canino. Te invitamos a que leas el post Biocan Utility 2.0, la apuesta de Ideas Medioambientales por soluciones altamente eficientes.

¿QUÉ DATOS PODEMOS OBTENER DE UN CADÁVER?

  • Fecha aproximada de muerte
  • Causa de la muerte
  • Lugar de la muerte
  • Especie. En determinados casos, además de la especie, se puede saber la edad del ejemplar, sexo, condición física, etc.

Para estimar la fecha de muerte de un animal es muy importante observar la fase del proceso de descomposición en que se encuentra; para ello existen guías y fases de descomposición. En aves rapaces, únicamente por el ojo se puede llegar a saber si el cadáver lleva uno o varios días muerto; a continuación, se muestra una estimación de las horas (de forma orientativa):

  • 0–12 horas: Ojo brillante y húmedo. Glóbulo ocular firme
  • 12–24 horas: Empieza la pérdida de humedad. Ligero velado corneal. El glóbulo ocular aún mantiene la turgencia.
  • 24–48 horas: Hundimiento paulatino del glóbulo ocular (enoftalmos), dependiendo de las condiciones medioambientales (temperatura, humedad relativa, etc.). Córnea opaca. Sequedad
  • >48–72 horas: Ojo muy colapsado o ausente

(De León et al., 2022; Valverde et al., 2020)

FASES DE LA DESCOMPOSICIÓN

  1. Cadáver fresco, deshidratación de las mucosas (ojos, boca, genitales), el cuerpo se queda flácido. Artrópodos como garrapatas y pulgas abandonan el cuerpo. El rigor mortis (rigidez del cuerpo) empieza entre las 2-6 horas de sucedida la mortalidad; no obstante, según las condicionales ambientales este proceso puede demorar hasta 36-48 horas.
  2. El cadáver se va hinchando, a causa de gases como el metano, el dióxido de carbono y el amoniaco entre otros; los cuales una vez liberados producen el fuerte olor a muerto que muchos conocemos. En esta fase llegan los insectos necrófagos como moscas de la familia Calliphoridae o Sarcophagidae para alimentarse y poner huevos donde sus larvas descomponen tejidos.
  3. Cadáver en putrefacción activa.
  4. Cadáver desecado pero la piel todavía recubre los huesos. En esta fase predominan los escarabajos de la familia Dermestidae.
  5. Cadáver totalmente en huesos, desaparecen los tendones y cartílagos, en el caso de las aves van desapareciendo las plumas.

DATOS CURIOSOS
Algo que para todos fue impactante de ver, fue la "sonrisa sardónica" (Figura 4) o mueca de envenenamiento en mamíferos. Es un síntoma característico de muerte por envenenamiento, resultante de la contracción espasmódica de los músculos faciales, a menudo asociada a venenos que afectan al sistema nervioso. Esta mueca se observa frecuentemente en animales silvestres como osos, lobos o aves rapaces tras la ingesta de sustancias tóxicas.

Figura 4. Cadáveres de un oso y un lobo que fueron envenenados en Asturias. Fuente: La Vanguardia.

Sabemos que son imágenes desagradables de ver, y que puede generar tristeza, enfado, frustración, por los pobres animales víctimas del envenenamiento directo o indirecto a causa de los humanos, pero aun así, es importante mostrarlo, ya que estos son claros indicios de la causa de muerte y permiten conocer rápidamente lo que provocó el fallecimiento del animal.

IDENTIFICACIÓN MEDIANTE RESTOS OSEOS

Por el otro lado, durante la parte práctica, Ángel Tórtola nos mostró una gran colección de restos de distintos animales que él utiliza para fines de educación ambiental. Pudimos observar todo tipo de restos de múltiples especies de mamíferos como zorro, perro, gato doméstico, garduña, tejón, gineta.

Figura 5. Cráneos de distintas especies de mamíferos. Fuente: Ideas Medioambientales.

Algo muy curioso de los cráneos del tejón común, europeo o euroasiático (Meles meles) es la cresta que sobresale de la parte superior del cráneo, algo que no se observaba en el resto de los especímenes mostrados. La “cresta sagital” es una protuberancia ósea ubicada a lo largo de la línea media (sutura sagital) que actúa como punto de inserción para los músculos temporales, indicador de un animal con una mandíbula excepcionalmente fuerte. Común en especies con gran capacidad de mordida, como gorilas, leones, otros mustélidos, así como en algunos homínidos como el Paranthropus aethiopicus.

Figura 6. Cráneos de mamíferos: a la izquierda se observa el de un zorro (Vulpes vulpes), y a la derecha, el de un tejón común (Meles meles). Fuente: Ideas Medioambientales.

En la figura anterior se observa claramente la gran diferencia entre el cráneo de un cánido como el zorro, y un mustélido como el tejón. La cresta sagital del tejón se caracteriza por ser masiva y pronunciada, pudiendo alcanzar hasta 16 mm de altura en adultos. Es fundamental para el estilo de vida excavador del tejón y su dieta omnívora, que requiere romper raíces y estructuras duras; es una adaptación morfológica clave para la supervivencia de la especie, facilitando tanto la excavación de sus tejoneras como la obtención de alimento. No está desarrollada en individuos jóvenes, siendo característica de adultos maduros. Es así como conociendo el tamaño del cráneo, dentadura del animal, y observando la gran cresta sagital, se puede identificar la especie.

Igualmente sorprendentes son también los cráneos de las aves, como los de buitre leonado (Gyps fulvus) y de búho real (Bubo bubo), debido a su tamaño y sus curiosas estructuras. En el caso del cráneo de búho real (Figura 7), se puede observar que el pico aún conserva la “ranfoteca”, nombre que reciben los tejidos duros que forman el pico de las aves. Está compuesta por queratina (la misma sustancia de nuestras uñas), y el hueso subyacente que le da soporte. Esta permite poder cortar, desgarrar y perforar con mayor facilidad, mientras recubre y protege el hueso del pico.

Figura 7. Cráneos de aves rapaces: a la izquierda se observa el de un búho real (Bubo bubo), y a la derecha, el de un buitre leonado (Gyps fulvus). Fuente: Ideas Medioambientales.

Por otro lado, también se puede observar que en las cavidades oculares del cráneo del búho real se encuentran los “anillos escleróticos”, pequeñas piezas óseas que se ensamblan formando un anillo alrededor de la parte frontal del ojo de muchas aves (y algunos reptiles y peces). No se ven a simple vista ya que están recubiertos de tejido y plumas, pero rodean la córnea internamente.

Los ojos de muchas aves (especialmente las rapaces nocturnas) deben ser muy rígidos y perfectamente alineados para enfocar bien. En el caso de los ojos de los búhos, estos son alargados con forma de tubo, lo cual les proporciona una visión extraordinariamente nítida, imprescindible para cazar con poca luz. Pero esa rigidez también significa que no pueden mover los ojos dentro de las órbitas como nosotros los humanos. Para compensar, muchas especies de búhos tienen la capacidad de girar la cabeza hasta 270° al buscar o fijar una presa.

CONCLUSIÓN

En veterinaria forense, zooarqueología, tafonomía y estudios de carnívoros, estructuras óseas como la cresta sagital o los anillos escleróticos pueden presentar una gran variabilidad interespecífica. Es así como pequeñas estructuras óseas pueden ser una gran guía para identificar rasgos muy característicos de una especie en concreto.

En definitiva, los cadáveres, con pocas palabras o incluso sin ninguna, nos proporcionan una gran cantidad de indicios. La estructura, el desgaste, la conformación, el tamaño o el color de los restos permiten inferir cada vez más información sobre la especie, la edad del individuo y, en muchos casos, la posible causa de la muerte.

Así que hoy os dejamos con esta reflexión final: los cadáveres no hablan… pero desde luego no se callan nada.

Nota aclaratoria
Este contenido no constituye en ningún caso una invitación al público general a buscar o manipular restos de animales. Su finalidad es exclusivamente informativa, con el objetivo de explicar la importancia que tiene, en el ámbito profesional, la localización y análisis de estos restos. Si se encuentra un cadáver no se recomienda entrar en contacto con él y se debería llamar al 112 para dar aviso, sobre todo en el caso de animales grandes o que puedan provocar un foco de enfermedades.


A través de los restos cadavéricos es posible comprender mejor las causas de mortalidad, detectar amenazas ambientales, evaluar el estado sanitario de la fauna y conocer las metodologías empleadas para la identificación de especies. Se trata, por tanto, de una aproximación divulgativa al trabajo técnico y científico que realizan profesionales cualificados en el medio natural.

BIBLIOGRAFÍA

De León, A., & et al. (2022).Decomposition stages as a clue for estimating the post-mortem interval incarcasses and providing accurate bird collision rates. Journal of Avian Biology 12, 16188.

 

Valverde, I., Espín, S.,María-Mojica, P. et al. (2020). Protocol toclassify the stages of carcass decomposition and estimate the time of death insmall-size raptors. Eur J Wildl Res 66, 93. https://doi.org/10.1007/s10344-020-01429-3

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